Digamos que ayer murió otro "famoso" de la tele. Esta vez le tocó a Antonio Skármeta, renombrado escritor e intelectual chileno, pero que "la masa" conoce más por haber tenido un programa que fue Ãcono de la tele noventosa, "El Show de los Libros". Y no, aunque vi que se hizo masiva la noticia a través de las redes sociales, en el Canal no dije nada. Y no fue primera vez. Ya antes, hubo algunos personajes que pasaron al otro plano de los que tampoco dije nada, por estar "quemados" polÃtica o valóricamente. Pero ya más actualmente, he preferido casi siempre el no hacer nada. Omitir.
Y la razón de eso, lejos de significar una desconexión o un desprecio, va más por el tema mismo de la muerte. Personalmente, me llegó un punto de la vida adulta en que ya estaba dedicando demasiado tiempo a pensar en la muerte. Y tener que, para "quedar bien", recordar con algo en el Canal cada vez que se muere un famoso o una figura de la "cultura pop", sin necesariamente haber tenido un nexo más personal con éstos, o al menos saber quiénes son o reconocerlos en una foto, no me aportaba. Incluso, a ratos lo llegué a considerar un tanto hipócrita. Lo fácil hubiera sido recordar a Skármeta con el video de "El Show de los Libros" en el que leyó la "Oda al Gato" de Neruda, al igual que medio Instagram, pero no. Y es que, sincérate porfa, probablemente tú tampoco veÃas ese programa en la tele en su época.
Hacia el año pasado, o más atrás, lo común era, cada vez que se morÃa alguien que habÃa sido famoso, invocar en el Canal la sección que ya se habÃa hecho un clásico, "¡Se están muriendo todoooooos!" y escribir una breve reseña. Pero hubo unos pocos, contaditos, que no entendieron la idea. Complicarlo todo era idiota, pero lo hicieron. Creyeron que poco menos me estaba riendo y que habÃa que ser más serio. Lo mÃo iba más allá: se trataba de notar que el mundo en el que crecimos ya no existÃa y que, cada vez que morÃa una figura que habÃa formado parte de éste, ese hecho era un recordatorio cruel y bruto de ello. Ese mundo habÃa desaparecido y nunca volverÃa. En otras palabras, se trataba de una manera un tanto resignada y exagerada (sobre todo exagerada) de decir o hacer notar que todas las figuras, artistas, etc., que acompañaron nuestra generación nos están dejando, poniendo en evidencia que ya “estamos viejos”. Y tratas de buscarle la vuelta, relajándolo y sacándole lo pedantemente serio. Pero tontos graves hay en todos lados.
Adiós, vaquero. Si te puedo ser sincero, no te veÃa en la tele. PreferÃa ver otra cosa. Pero te gustan los gatos, asà que sólo por eso ya me caÃste bien.
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