Una oda a la «gente de trabajo». Un ejecutivo de la Financiera Condell, saliendo de su casa «Tomboleta», de traje y corbata tal como si fuera a su trabajo en una sucursal del centro, va a tomar primero la micro, después el Metro y finalmente un colectivo (porque esa fábrica está tan lejos que no hay de otra) para llegar al trabajo de su cliente.
Al final, la tarjeta llega a la puerta de la casa. El primer giro en el cajero automático termina siendo un acontecimiento familiar. Nadie piensa en los intereses o si a ese operario le va a alcanzar la plata para pagar su cuota a fin de mes. Él sólo piensa en renovar la tele, comprar los regalos de «Pascua» o en empezar por fin esa ampliación en su casa. En la tentación que representa esa tarjeta, nadie piensa.
Todo ello, con la Francesca Ancarola cantando de fondo que le da una emotividad como pocas.
Hay una versión «rural» y con una ejecutiva mujer que se recuerda mucho más. Esta versión «santiaguina» se recuerda poco. Y viene a funcionar como una cápsula del tiempo: las micros amarillas estaban a medio implementar, estaba licitado sólo el centro y esos letreros amarillos de la Línea 2 del Metro ocupaban su lugar en una ciudad que ya es pasado.
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