¡Ah, marca Pizarreño! ¡Hubiera dicho antes, pueh!
Así fue la discusión del maestro ferretero y su cliente por la autenticidad de la plancha Pizarreño y ese efecto de cuando les crecía la nariz. Juro que nunca vi una plancha Pizarreño con la marca así de grande. Pero esto era tele y se tenía que notar. Peor aún, nunca vi una plancha «marca Pizarreño». La diferencia en plata de una plancha genérica versus una de marca debió notarse.
Lo único que no entendí en su tiempo fue el remate del réclame. Lo entendí recién cuando supe lo que era un «cheque a fecha».
En fin. «Productos para toda una vida». Que, digámoslo, si eras consumidor habitual de estos paneles (qué decir si eras operario en Pizarreño en esa época), no era una vida muy larga...
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