El Estado agarrando pa' la palanca a los choferes de micro... Es que...
Cuando el «Banco del Estado de Chile» al fin se quiso sacar la imagen de banco anticuado, se dio a la tarea de modernizar su imagen. Y lanzó toda una campaña para mostrar el cambio por la tele, con una serie de réclames, de los cuales éste probablemente sea el menos olvidado. Todo esto, antes del pato.
Aún sigo pensando que lo único simpático que conserva el BancoEstado es su pato. Y tuvo toda una historia en este siglo. Pero ésa ya se la saben.
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Hucke 100: ¿Qué hace una chica como tú en un lugar como éste? (1991)
- Por admin
- mayo 03, 2026
«¿Qué hace una chica como tú en un lugar como éste?» Cabro chico agrandao nomás.
Haciendo uso de un cliché cinematográfico originado en la década del '60, la aún Hucke, pero ya de Nestlé, rompió el acuerdo «Ya, McKay, tú a las galletas y yo a los chocolates» para poner en el carrito o el almacén de la esquina esto. Las Hucke 100. Pero pocos se acuerdan de la marca. Quedó mucho más para el recuerdo la pregunta entradora del cabro chico y su respuesta.
Pero gran participación de Sandro Larenas, el Tío Garfield, como el locutor y, además, la voz del cabro chico (?). De la voz de ella, ni idea. A ver si alguien sabe ese dato.
Suerte para la próxima, mini guerrero del amor. Desde aquí te mandamos un container de Hucke 100 vencidas para que intentes y sigas intentando. Pero trata de ir cambiando esa frase...
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«🎵 Dip-darap, dip-dip-darap... 🎵 ¿Cuál Vim, papá?» Nuevamente, un not-desbloqueo.
Es que en los ochentas el Vim evolucionó. Descontinuaron el Vim que existía, crearon dos nuevos Vim y a la gente le tenía que quedar claro cuál era cuál. Dos Vim, cada uno con distinto uso. Uno para el baño y el otro para la cocina. Y para eso, pusieron a un cabro chico en su pieza escuchando música, pero que tenía que colaborar en el aseo de la casa de alguna forma... aunque sea yendo a buscar el Vim.
Un cabro chico que, reconozcámoslo porfa, cuando nosotros éramos chicos y lo veíamos por la tele, nos caía súper mal. Pero que dejó esta joya que aún se recuerda, al menos, por nuestra generación. Porque, honestamente, dudo que los más jóvenes lo tengan en su memoria.
Un réclame ochentoso que supo ser genial... a su manera.
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El Digital Diary. Agenda con alarma, memoria para 3.000 (!) números de teléfono y encima se conectaba al computador. En 1989. Una locura con la que varios soñábamos. Antes de la Palm... y mucho antes del smartphone. Ningún ser humano con una vida normal necesitó llevar consigo tres mil números de teléfono. Jamás.
Ésa era la súper ñoña Casio ochentera. La de los relojes calculadora, de los relojes con juego y hasta de una «guitarra digital». ¿No le cerrará a alguien la posible idea de que Casio, durante los ochentas, a las finales fuese un experimento en el que las cosas se hacían no porque alguien las pidiera, sino porque «se podía»?
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Delfina y Nissim fueron más que el «¡Cómprate un auto, Perico!».
La pareja estrella del Banco de Santiago, Delfina Guzmán y Nissim Sharim, en el cambio de década setenta-ochenta, representaron en este réclame la odisea del papeleo y la burocracia a la hora de pedir un crédito (o «préstamo», como les decían antes). ¿Certificado de simpatía? ¿«Reason why»? ¿Dieciséis copias ante notario?
Otras convenciones y otro ritmo en la tele de antes. ¿Réclames de más de un minuto? Cuál es el problema.
Delfina y Nissim hicieron una serie de estos réclames, de los cuales Delfina siempre cuenta que, como actores vetados de la tele, les salvaron la vida. La saga incluso se prolongó por décadas, «trascendiendo» al mismo Banco de Santiago. Y este réclame de 1980, del que siempre en recuentos y programas de archivo ponían pedazos, ahora va completo.
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Una mascota que surgió de una parodia. El conejo Energizer.
Apenas expiró el registro del conejo de Duracell, en 1988, Energizer se avivó y registró el suyo. El motivo: parodiar a Duracell, que afirmaba durar más... que las pilas comunes de zinc-carbón. «Ésa la hace cualquiera» pensaron en Energizer. Luego del réclame parodia, lanzaron toda una campaña en la que su conejo (obviamente equipado con pilas Energizer) duraba más que cualquier otra cosa. Incluso irrumpiendo en los demás réclames, para lo cual inventaron otros réclames ficticios en donde meter a su conejo, como éste.
Duracell obviamente se enojó y volvió a registrar su conejo, afirmando que ellos lo habían tenido primero en 1973. Al final, el conflicto legal de la existencia de ambos conejos se resolvió extrajudicialmente en 1992, mediante una división territorial. En USA y Canadá, el conejo se lo quedó Energizer. En el resto del mundo, será de Duracell.
Sin embargo, y pese a dicho acuerdo, en Latinoamérica el conejo de Energizer se mantuvo por algunos años más, coexistiendo con el de Duracell. Porque, seamos francos, a quién le importa Latinoamérica.
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Caricia y el recuerdo del sismo del año anterior, que aún estaba fresquito.
Una de las tantas que nos contó Caricia en los ochentas. Con Marcela Osorio y Rodrigo Bastidas como la parejita y en donde Marcela regaloneaba a su pinche con un gran plato de jalea. Pudo haber sido cualquier otra cosa, pero es un réclame de Caricia, así que jalea. Una jalea que capturó la atención de Rodrigo a tal punto que no le interesó nada más. Ni tener que arrancar a lugar seguro... por el terremoto.
Y sí, a la gelatina le decíamos jalea.
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¡Sooooorpresa! ¡Manjar! ¡Queque! ¡Maaaaaankeke!
¿Hablemos de destrucción de valor? Hablemos del Mankeke. Ese queque que al comienzo fue relleno de puro manjar, que después fue degradado a relleno de crema y manjar, y que, para terminar de ahorrarse la última chaucha, lo terminaron rellenando sólo con crema «sabor manjar». Cuando hicieron eso último, ya no les quedaba perso para volver a cambiar la letra del jingle.
Y vuelve ese recuerdo del grupo de skaters (que probablemente nunca fueron skaters) y de esa improvisada bandeja de tabla de skate para llevar los Mankekes. Sáquense el mito de que antes los Mankekes eran más grandes... porque no, no eran más grandes. Pero mantengo lo del relleno.
No tengáis miedo... de comerte el papel.
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Y ahora llega más publicidad superfunada. Esta vez, con Mademsa y su maravilla ochentosa que quería seguir estirando el chicle, la lavadora Margarita. Causaba tal revuelo el técnico llevando el artefacto por la calle, que una horda de soas, que se hacía más numerosa a cada segundo, salía persiguiendo al técnico, hasta que la compradora legítima recibió su Margarita y refugió al técnico en su casa.
Nobleza obliga, la Margarita no fue creación de Mademsa, sino que fue un producto de la italiana Ariston. Desconozco si eran ensambladas aquí o se importaba el producto terminado y se rebrandeaba. Pero ya en ese tiempo las compañías locales hacían esas cosas.
No se niega. En su momento fue divertido.
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