El día que una marca «premium» se quiso reír de la cultura aspiracional. Pero la justificó.
Y ojo a los detalles: la mansión estaba arriba, por tanto el auto como que se iba «para abajo». La otra casa de «clase media», en cambio, estaba más abajo (el camino hacia el frente está en subida) pero no estaba «abajo». Al «huír» del lugar, se escucha el acelerón, como queriendo salir del lugar cuanto antes. Y, en todo momento, el tipo estaba mirando hacia todos lados, preocupado de que nadie lo viera. Y ojo al reubicar las botellas, bien derechitas y que se vea bien la etiqueta.
Como que la marca apuntaba tanto al que estaba «arriba», como al que quería estarlo. «Eres lo que tomas». Aunque no sea cierto y estés adornando tu canasto de basura con un par de botellas de Alto del Carmen que te sacaste de más arriba sólo para presumir. Pero lo justificaban, porque, al final, todo iba en el «cómo te ven». Como un «así funciona».
No recuerdo si esto sacó ronchas en su época. O, en una de ésas, no pasó nada. Tiempos del «celular de palo».
[vía]
Invocando una antigua frase habitué del boliche, yo sabía que ese réclame en el que un perro con las patas con barro salta a la cama, da vuelta la bandeja del desayuno y termina dejando todo manchado, tenía que estar en algún lado.
Mucho antes de la Eli, el Brisa 3 se presentaba como el salvador del desastre matinal, luego de que una pelota de goma terminó llegando donde no debió. Leche con chocolate, jugo, mermelada y hasta una tostada que, obviamente, cayó con la mantequilla hacia abajo, todos derramados.
Muy probablemente hubo una intención épica en todo esto, pero se desenfocaron de lo que lo hacía al Brisa 3 distinto. O sea, por eso después llamaron a la Eli.
Ni con eso.
[vía]
Y llegó el día. Estaba cantado que algún día iba a ocurrir. Lo que no sabíamos era cuándo. Y hoy se confirmó la noticia del cierre de la histórica fábrica Fensa ubicada en Maipú, al día de hoy propiedad del grupo Electrolux.
No sé ahora, pero a lo largo de las últimas décadas, digamos que Fensa era de esas marcas por las que sacábamos pecho. Con el recordado slogan «Hecho... [tac, tac] para durar», que después cambió a «Hecho para la mujer. Bien hecho.» Un slogan que ya no se podría usar hoy. Y este réclame... que tampoco se podría hacer hoy.
Era una época en que lo usual en la mayoría de las casas era un refri de a lo más la altura de un adulto y casi siempre sólo de una puerta. Presentar esta cosa de tres puertas grandota e imponente, impactaba. Un refri que apoyaría el dejar de ir al super a cada rato. Y este salto tecnológico no podía estar completo sin su base a lo Kraftwerk. Porque nada grita más vanguardia que eso.
Probablemente Fensa no se acabe. Pero ya sabemos de dónde va a empezar a llegar todo.
[vía]
Finalizaban los ochentas y el en ese entonces Banco de Santiago vendía su tecnología en forma de Supermático, una cosa bien futurista de banca digital, antes de Redbanc y mucho antes de Internet. Para diferenciarse del resto, inventó un banco ficticio, «The Bank», que se mostraba como reputado y tradicional, pero de mala atención y de eternas filas. Y en eso, uno de los réclames muestra a una señora aproblemadísima porque hacer esa eterna cola le impide acudir puntual a un almuerzo con el jefe de su neurótico marido y de ello casi que depende su matrimonio y todo su futuro. La amiga... le sugiere cambiarse. ¿De marido?
El punto era cambiarse al Banco de Santiago y, en esos tiempos y bajo las convenciones sociales y los valores de esa época, cambiar de banco era más aceptado y factible que... cambiar de marido.
[vía]
Parece que la escena del jugo en polvo ochentosa se ponía buena porque, antes de llegar a la mitad de la década, se sumaba otro amiguito más a la fiesta. Sip-Sup, el jugo nuevo que «era un secreto». Eso, y mi lagunosa memoria de la época, me sugieren que los de Sip-Sup estuvieron varias semanas, previo al lanzamiento, poniendo réclames por la tele, en plan teaser, con la idea de «ya viene algo nuevo, pero no les puedo contar porque es un secreto...» Como sea, de estos réclames hubo varios, preguntando opiniones acerca de Sip-Sup, pero el que nunca olvidé fue el del cabro chico que opinaba que el Sip-Sup era «más rico que... un guatón». ¡¿Pero por qué un guatón?!
En un mundo de gaseosas sólo durante el finde, los jugos en polvo se consumían como si no hubiera un mañana.
[vía]
Otro de esos lavados imposibles de Drive. Si el año pasado pasó por aquí el peque que suplicaba piedad por su camisa scout favorita, ahora llegó el marido parrillero con pantalón blanco (!) y su inoportuna mancha de grasa, negándose al peor de los desastres: que la esposa, vencida ante la mancha imposible, agarre los pantalones y se los haga short. Pantalón blanco. Pero... pero cómo. Y de nuevo, a medio convencer, la dueña de casa terminó salvando el día a puro Drive y, de paso, evitando otro short más.
[vía]
«Toda la piel, toda la familia». En la década del '80 los de la Crema Lechuga lanzaron este réclame súper tranqui y súper familiar.
Hay pocos productos nacionales tan veteranos como la Crema Lechuga. Fue creada en algún punto de la primera mitad del siglo XX por los Laboratorios Arensburg (Arens, para los amigos) de los hermanos Arensburg, compañía que fue fundada a su vez en 1917. Sobrevivió a muchos otros productos de la misma Arens y existe hasta hoy, aunque ahora en poder de los «piérdete una» de Maver.
De Crema Lechuga ya no salen nuevos réclames. Y tal vez no los necesite. Se vende más por tradición que por luces.
[vía]
Cuando apareció el Stic Fix, aún de Härting y antes que llegara Henkel a comprarla poco a poquito, fue casi un paso de progreso. El Stic Fix llegó a un mundo en el que el colegial de la época pegaba con cola fría, con algún pegamento casero como el engrudo o (alerta de viejazo) con «goma de pegar». Y hubo cabros que hasta le daban otro uso.
[vía]
Cuando traigo a revisar cuadernos, de cualquier época, hay una frase que en los comentarios se aparece casi siempre: «Colón, el cuaderno campeón» o «Colón ¡como avióooooooon!»
Así que ahí va, «Colón ¡como avión!». Da para pensar que un buen día en Colón se sentaron todos a la mesa para tirar frases, alguien tiró «como avión» y, como rimaba, quedó. ¿Conexión con Colón? Aparte de poder hacerse aviones de papel sacándoles hojas a los cuadernos, ninguna. Y todo por una promo que daba premios que se ganaban encontrando un sello dentro de los cuadernos. En ese tiempo se podían hacer así las promos. Ahora, con los súper vendiendo cuadernos, imposible.
[vía]










