En este boliche amamos las promos clásicas. Como ésta de cuadernos que, extrañamente, tuvo como rostro al tío Cesar Antonio Santis en lugar de quien fue rostro habitué y establecido de Torre. Y fue de lo más clásico de lo clásico en las promos de la época: juntar mitades. En dos tandas: muchos (¡pero muchos!) premios chicos, además de premios grandes a los que se optaba enviando las mitades que sobraron por correo postal. Entonces llegaba ese momento intermedio en donde había que optar si seguir esperando juntar más mitades con algún amigo o familiar... o asumir no más y enviar las mitades que no calzaron.
En todo caso, las promos con una tanda de premios chicos (¡pero muchos!) tenían su algo. Eso de percibir que había premios «ganables» y no imposibles como en casi todo, le daba su toque entretenido.
Aún así, esta no fue «la» promo ochentosa de cuadernos. Hubo otra muchísimo más memorable. Pero ya habrá tiempo para eso.
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