En los ochentas hubo varios detergentes de corta vida. Por ahí recuerdo El Zorro vagamente. Pero éste, el Rinso, que aún existe, por ese tiempo decía que lavaba bien y costaba menos. Y estrenaba su aroma limón. Y si no dejaba conforme con el lavado, devolvía la plata. Ésa era la promesa. Todo esto en un réclame en el que se gastaron no dos, sino que un sólo peso, aparte de lo que le pagaron a la actriz (me soplan que es Carmen Barros), en caso que derechamente no hayan hecho un casting de dueñas de casa. No sé, probablemente nunca haya lavado a mano un calcetín, pero habla como una correcta dueña de casa ochentera. Le creí todo.
En casa nunca tuvimos por nuestra cuenta las promos del Drive. Sólo las vimos en la tele, o con suerte llegaban algunas por la vecina que usaba Drive y no tenía hijos chicos.
Porque nunca faltaba el Rinso. Y funcionaba.
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