¡Es la invasión de los Sniks! O los «pitufos verdes» como algunos los llamaban. En la Coca-Cola, el '85 fue el año de estos monos. Se canjeaban sólo con una tapa marcada, sin plata. Los había en versión adhesivo y figuras (aunque después, en una segunda ola, agregaron naves). Y usando una adaptación muy, muy, muy libre de «No me dejan salir» de Charly García. Todo esto en una época en que muchos eran consumidores ávidos de promos como ésta.
Sin serie animada en la tele y sólo con un aviso de medio minuto. Tenía mucho poder esta gente para presentarnos cosas.
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¿Se acuerdan de los Pegalocos? Eran unas cosas de goma con un extremo tirante que se lanzaban y se pegaban a todo. Por aquí, las trajo Soprole como una promo de sus yoghurts.
Llama la atención que se hayan gastado la mitad del tiempo en ese intento de presentación, como si a los pobres cabros los hubieran puesto ahí frente a la cámara con las puras tarjetas y sin ningún ensayo. Aunque el chiste era ése, tirarle después el Pegaloco a las tarjetas o, al final, al que se quería hacer el lindo con tu amiguita.
No recuerdo bien si esto se convirtió en una moda o si andaban todos con los Pegalocos. Llegué tarde a esto.
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¡Yupi, Yupi, Yup... Yupi! En ese año, una nueva marca, Yupi, se subió al carro de los jugos en polvo. Cada sabor tenía un personaje, y cada personaje tenía su propio nombre: Pepita (naranja), Poca Pinta (frutilla), Rulitos (frambuesa) y Chasquilla (piña). Para mí, están ok, excepto Poca Pinta. ¿Qué onda arruinarle la existencia con ese nombre? Mucha Pinta debió ser, po. Obvio.
Lo que no sé es cuánto más duró Yupi como saborizante para la leche, otro producto que lanzaron por ese tiempo. Pero ya es obvio cuál Yupi sobrevivió una década entera después.
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Cualquier momento es más, siempre que sea con... Ambrosoli (1979)
- Por admin
- febrero 09, 2026
Y apareció otro antiguo comercial de Ambrosoli, de los primeros para TV en color, finalizando los setentas, aunque su jingle suena más a sesentas. Con el sonido plástico de la bolsa de caramelos, que pareciera que se lo agregaron en post, pero que llama la atención de todos en una silenciosa biblioteca. O en una reunión familiar. O jugando juegos de mesa. O como la gente se divertía en ese tiempo.
La nostalgia «sin memoria», o sea por tiempos no vividos, existe. En mi caso, por poquito.
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El Preto Semanal #02: La ola extranjera (y reaccionamos a los comentarios de la semana)
- Por admin
- febrero 07, 2026
En un mundo cortoplacista y triunfalista, sacar un segundo capítulo del Semanal es un acto de valentía.
Lo último de la invasión extranjera al Preto... y también reaccionamos a sus comentarios del podcast y también a los del Insta. Y seguimos tratando de encontrar un nombre mejor. Ya va a salir algo.
Ya disponible en Spotify y Apple Podcasts.
Para ABC, no había clientes difíciles. De ésos que pedían de todo y que, al final, no llegaban a trato de no haber un buen precio. Pero de todos esos «clientes difíciles» que llegaron en ese cambio de década ochenta-noventa a los comerciales de ABC en la tele, dudo que haya habido uno más estereotipado que el «lolo palanca». Y en plena era del despertar masivo del CD (que todavía era caro, pero lo compraban a crédito, obvio). Quiero asumir que, para los noventas, ya no había lolos palanca. Porque ya no habían, ¿o sí?
Si hubo vendedores de tienda que diera gusto toparse, no los alcancé a conocer. Siempre me fue incómodo ir a una tienda a comprar algo. Al final el e-commerce fue mi respiro. Aunque ahí las tiendas estrenaron otras mañas.
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Éste lo sacaron a colación en los comentarios del otro comercial de Drive que revisamos el año pasado. En «Usted lo pidió al Preto», Drive, el detergente que saca todas las manchas, incluso las de labial de la pinche que el lolito de turno conoció la noche anterior, cuando ella le anotó su número de teléfono en toda la polera. Ahora nunca se volverán a ver. Penita.
No sé si calificaría como una continuación del Drive-verso, como el cabro scout de la camisa imposible ya en sus años de juventud, o... no sé. Estirando mucho, mucho la línea temporal, podría ser hasta Omarcito.
Sorry, eso último estaba cantado. Ja.
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En este boliche amamos las promos clásicas. Como ésta de cuadernos que, extrañamente, tuvo como rostro al tío Cesar Antonio Santis en lugar de quien fue rostro habitué y establecido de Torre. Y fue de lo más clásico de lo clásico en las promos de la época: juntar mitades. En dos tandas: muchos (¡pero muchos!) premios chicos, además de premios grandes a los que se optaba enviando las mitades que sobraron por correo postal. Entonces llegaba ese momento intermedio en donde había que optar si seguir esperando juntar más mitades con algún amigo o familiar... o asumir no más y enviar las mitades que no calzaron.
En todo caso, las promos con una tanda de premios chicos (¡pero muchos!) tenían su algo. Eso de percibir que había premios «ganables» y no imposibles como en casi todo, le daba su toque entretenido.
Aún así, esta no fue «la» promo ochentosa de cuadernos. Hubo otra muchísimo más memorable. Pero ya habrá tiempo para eso.
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Ciertamente que hubo una serie de estos spots que duró por años (y de la que no me parecería nada raro si alguien hizo una compilación que ande dando vueltas por ahí). Noble lanzaba su rollo de 40 metros, siguiendo a las marcas más top. Y volvía a hacer uso del recurso que le había funcionado siempre: el negro que "contrastaba" con el color del papel y que hacía su pequeño show a propósito. Noble, el que le daba mais y no le pedía mais. La relación del personaje con la marca era tan poderosa que hasta formaba parte del diseño del empaque.
Hoy, esta serie de spots está archivada, cambiaron el rostro de la campaña por un chancho generado por computador, y dejaron atrás a un personaje conocido por todos. En nombre, obvio, de un cambio de percepción y de sensibilidades. Como lo que pasó con muchas otras cosas.
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