¡Sooooorpresa! ¡Manjar! ¡Queque! ¡Maaaaaankeke!
¿Hablemos de destrucción de valor? Hablemos del Mankeke. Ese queque que al comienzo fue relleno de puro manjar, que después fue degradado a relleno de crema y manjar, y que, para terminar de ahorrarse la última chaucha, lo terminaron rellenando sólo con crema «sabor manjar». Cuando hicieron eso último, ya no les quedaba perso para volver a cambiar la letra del jingle.
Y vuelve ese recuerdo del grupo de skaters (que probablemente nunca fueron skaters) y de esa improvisada bandeja de tabla de skate para llevar los Mankekes. Sáquense el mito de que antes los Mankekes eran más grandes... porque no, no eran más grandes. Pero mantengo lo del relleno.
No tengáis miedo... de comerte el papel.
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Y ahora llega más publicidad superfunada. Esta vez, con Mademsa y su maravilla ochentosa que quería seguir estirando el chicle, la lavadora Margarita. Causaba tal revuelo el técnico llevando el artefacto por la calle, que una horda de soas, que se hacía más numerosa a cada segundo, salía persiguiendo al técnico, hasta que la compradora legítima recibió su Margarita y refugió al técnico en su casa.
Nobleza obliga, la Margarita no fue creación de Mademsa, sino que fue un producto de la italiana Ariston. Desconozco si eran ensambladas aquí o se importaba el producto terminado y se rebrandeaba. Pero ya en ese tiempo las compañías locales hacían esas cosas.
No se niega. En su momento fue divertido.
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Como parte del marketing de Cola Cao para la Copa del Mundo México '86, por acá nos trajeron a «Los Goleadores», unas figuras de plástico, de algunos centímetros de alto, que representaban a jugadores de fútbol y que venían con cada envase. El locutor sugería coleccionarlos y formar equipos... pero se supone que eran 11 por lado. Nadie consume 22 botes de Cola Cao en un mes. Con suerte un jugador por lado y ve si por ahí encontrai algo que te sirva de arco. De repente me quejo mucho, porque en realidad siempre encontrábamos la forma de jugar. En esa época hacíamos funcionar todo como fuera.
El Cola Cao sigue vigente. Se acabó Nutrexpa, pero ahí, con otro dueño, el Cola Cao sigue aguantando. Y me atrevería a decir que me gusta bastante más que el Milo.
Ah, y el locutor era don Petronio Romo... que hoy 14 de abril está en su día.
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Sal de fruta ENO. Esta vez, ocurrió a la inversa de otros réclames, en los cuales primero inventaron una frase y luego, a causa del réclame, la frase se hizo de uso común. Aquí no: fue la frase del día a día la que inspiró el réclame. El fin del «suplicio chino». Así que trajeron a un cocinero chino (de la China, del barrio Patronato o de quién sabe dónde) a preparar en pantalla la receta del «suplicio chino», para luego hacerlo desaparecer a pura sal de fruta.
Aún se puede conseguir sal de fruta ENO, pero Maver, el despechado licenciatario original, se hizo famoso creando su propio producto local y saliendo a venderlo como pocos. Sólo por eso, la ENO ya no es ni la sombra de lo que fue. Digamos que fue por eso.
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«Y como dice la canción... Amigos míos, me enamoré. Me enamoré. Y me caso».
En la segunda mitad de los ochentas, y continuando esa onda de reunirse a compartir una pilsen (con el típico «Conversémonos una Escudo»), fueron lanzados una serie de réclames en base a breves monólogos con amigos, familiares o cercanos, de los cuales, posiblemente, el que mejor se recuerde sea éste. Por la referencia a la canción. Un tema de Jairo del año 1974 que en ese tiempo todavía sonaba y era un clásico. Y fue ese hito en la vida, que en esa época ocurría mucho antes que hoy en día, el que posiblemente inspiró todo.
Presión social, estabilidad, paso lógico o porque «a todos les pasa lo mismo», cada quien piénselo a su pinta. Lo cierto es que hoy, aunque se sienta mucho, la gente se la piensa varias veces antes de dar el paso.
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Sopas Lucchetti, quizá el primer registro del «Pichi» Pato Strahovsky haciendo réclames.
En una época en donde las «sopas de sobre» ya parecían algo deslucido e insípido, las sopas de la fábrica de la avenida Vicuña Mackenna prometían ingredientes verdaderos y «así de grandes». Para ello, el «Pichi» se encargaba personalmente de ir a buscar a las vacas y traérselas de la cola a la fábrica (?)
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El día que una marca «premium» se quiso reír de la cultura aspiracional. Pero la justificó.
Y ojo a los detalles: la mansión estaba arriba, por tanto el auto como que se iba «para abajo». La otra casa de «clase media», en cambio, estaba más abajo (el camino hacia el frente está en subida) pero no estaba «abajo». Al «huír» del lugar, se escucha el acelerón, como queriendo salir del lugar cuanto antes. Y, en todo momento, el tipo estaba mirando hacia todos lados, preocupado de que nadie lo viera. Y ojo al reubicar las botellas, bien derechitas y que se vea bien la etiqueta.
Como que la marca apuntaba tanto al que estaba «arriba», como al que quería estarlo. «Eres lo que tomas». Aunque no sea cierto y estés adornando tu canasto de basura con un par de botellas de Alto del Carmen que te sacaste de más arriba sólo para presumir. Pero lo justificaban, porque, al final, todo iba en el «cómo te ven». Como un «así funciona».
No recuerdo si esto sacó ronchas en su época. O, en una de ésas, no pasó nada. Tiempos del «celular de palo».
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Invocando una antigua frase habitué del boliche, yo sabía que ese réclame en el que un perro con las patas con barro salta a la cama, da vuelta la bandeja del desayuno y termina dejando todo manchado, tenía que estar en algún lado.
Mucho antes de la Eli, el Brisa 3 se presentaba como el salvador del desastre matinal, luego de que una pelota de goma terminó llegando donde no debió. Leche con chocolate, jugo, mermelada y hasta una tostada que, obviamente, cayó con la mantequilla hacia abajo, todos derramados.
Muy probablemente hubo una intención épica en todo esto, pero se desenfocaron de lo que lo hacía al Brisa 3 distinto. O sea, por eso después llamaron a la Eli.
Ni con eso.
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Y llegó el día. Estaba cantado que algún día iba a ocurrir. Lo que no sabíamos era cuándo. Y hoy se confirmó la noticia del cierre de la histórica fábrica Fensa ubicada en Maipú, al día de hoy propiedad del grupo Electrolux.
No sé ahora, pero a lo largo de las últimas décadas, digamos que Fensa era de esas marcas por las que sacábamos pecho. Con el recordado slogan «Hecho... [tac, tac] para durar», que después cambió a «Hecho para la mujer. Bien hecho.» Un slogan que ya no se podría usar hoy. Y este réclame... que tampoco se podría hacer hoy.
Era una época en que lo usual en la mayoría de las casas era un refri de a lo más la altura de un adulto y casi siempre sólo de una puerta. Presentar esta cosa de tres puertas grandota e imponente, impactaba. Un refri que apoyaría el dejar de ir al super a cada rato. Y este salto tecnológico no podía estar completo sin su base a lo Kraftwerk. Porque nada grita más vanguardia que eso.
Probablemente Fensa no se acabe. Pero ya sabemos de dónde va a empezar a llegar todo.
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