En Almac, la entendemos, mamá. Yep. Hora de clásicos en Réclame.
Y quien mejor para entender a una mamá que… otra mamá. Así, para el rol de jefa de tienda, se trajeron desde Argentina a Graciela Ferrari (no Gabriela como se podía ver en su placa), que sí, fue la misma de Petete y amor platónico para más de alguno. Una jefa de tienda que estaba al frente del buque y que también era mamá, tenía su hogar y con ese paralelo al comienzo lo trataban de hacer ver. Todo esto en un supermercado que, visto hoy, es una auténtica cápsula del tiempo de cómo eran los supermercados en los comienzos, desde su aparición, hasta la década ochentosa. Con un aspecto de galpón, ni por si acaso enormes y súperiluminados como lo son ahora. Con frutas y verduras en canastos de mimbre. Con ofertas escritas con plumón y etiquetas de precio en vez de códigos de barras. Cuando ir al super era para comprar comida, bebidas, artículos de aseo… y hasta ahí. Y, cerrándolo todo, un jingle que es un clásico y que rotaba hasta en radio (pero en radios FM no más. ¿AM? Noooo, qué roto…)
Respecto al jingle, fue cantado por una voz que le sonará familiar a muchos, aunque no conozcan su nombre: Claudia Muñoz. Grabó una montonera de jingles y hasta aportó con el tema central de una teleserie. En fin.
En cuanto a Graciela (Gachi para los amigos), fue rostro reconocido de la tele de su país, hasta esa época. Al año siguiente se casó y se retiró para ser empresaria textil, igualito que su nuevo marido. «¿Así es que no va a cantar?» Como le decía en off Jorge Rencoret un par de años después en otro réclame de Almac, antes de las ofertas de la semana. Nop, Gachi nunca cantó, al menos, en algún réclame de Almac. Pero la recordamos igual.
[vía]
Esto fue una continuación. Una segunda parte de un réclame de 1981 en que nuestro (ya conocido de la casa) repartidor de Mademsa llegó con la estufa y al final tuvo que salir por atrás.
Alguien tuvo que haber quedado con las ganas de ver qué más pasaba. Así que, tres años después, la continuación al fin llegó.
Entre medio, cambió hasta el modelo de la estufa. Pero quién se fija tanto en detalles ñoños. Qué importa eso. La invitada del lolito era alguien que, como después nos enteraríamos, era nada menos que la Katty Kowaleczko (Katty Ko para los amigos) que por esa época fue modelo de Sábados Gigantes y también hizo uno que otro réclame. Antes de las teleseries.
La Foguita (o la Sunny Met) podrán tener todos los contras de la parafina, y por eso varios tuvimos que evolucionar a la fuerza hacia las estufas a gas o a las eléctricas, pero ninguna alternativa entrega tanto calor por tan poco. Se extraña. Harto.
[vía]
«¡Yaaaaa...! ¿Creen que uno es mono?»
Esa época en que Evercrisp tuvo su «crocante» de maní. No lo alcancé a probar. Mejor dicho, nunca quise. Y tampoco sé qué eran. ¿Suflé, así como los de papa o los dulces? Como sea. Un «crocante» con el poder suficiente para «volver mono» a quien lo probara.
Tengo la tincada de que esto duró súperpoco. Y que el cabro chico, en su proceso de volverse mono, asustó a más de alguien a la pasada.
[vía]
La auténtica alpargata.
Así fue la aventura de las Alpargatas Iberia, una empresa familiar muy artesanal que aún existe y que, en un acto bien alumbrado, en los ochentas y noventas se atrevió a poner réclames en la tele. Réclames de los que, muy posiblemente, éste sea el que mejor se recuerde.
Sí, salió por dos pesos. Sí, el doblaje es muy maqueta. Pero fue uno de los últimos suspiros de ochentismo en la tele. Y se le quiere. Orgullosa o culposamente, se le quiere.
Yo me quedo con que al fin pude saber cómo era la letra del remate del jingle, el que viví toda una vida creyendo que decía otra cosa: «¡Iberiaaaaaa, woooo... taz!» Una pasada a 0,5x y una escucha atenta, me hicieron descubrir... que no era así.
[vía]
«Será exagerado... pero... ¡Es que no hay pollo como Super Pollo!».
Fue el día en que, en una campaña noventosa, los de Super Pollo tomaron mucha inspiración cartoon. Todo un destrozo para mostrar que, cuando el pollo no era Super Pollo, nada más importaba. Y terminaron derrumbando una carnicería o, en este caso, deteniendo una mudanza y dejando caer un piano.
Mucho Looney Tunes en todo esto.
[vía]
Si bien es cierto, hacia el final de la temporada de 1985, Cachureos experimentó con público en el estudio, no fue hasta 1987 que el programa al fin se concibió de esa forma. Entre las novedades de ese año, llegó el Señor Lápiz. Con la gracia de ser capaz de dibujar algo en base a lo que sea que le hayan tirado como esbozo loco en el papel, el personaje prendió en poco tiempo.
Pero sería a raíz del corpóreo de un sponsor y del éxito que éste tuvo, medido por cartas enviadas al canal, que Marcelo se decidió a introducir más personajes en forma de corpóreos, los que eventualmente terminaron reemplazando a los chicos, cuando éstos crecieron.
[vía]
El día en que una marca de piso cerámico subió al columpio a la típica soa fan de la limpieza.
O sea, vendes piso cerámico y quieres destacarte por sobre otras alternativas. ¿Qué haces? Después de pensarlo, no lo dudas más y le pegas a los otros pisos donde más les duele: son eternos necesitadores de cuidados. Que las cenizas, los líquidos, el barro... ¡EL BARRO!
En serio, es que todos los que éramos cabros chicos en esa época tuvimos a una mamá o a una tía o a una abuela preocupada día y noche de la limpieza de la casa. Y si en una visión de futuro distópico ochentera tipo cyberpunk ya se veía a la tecnología como vigilante y opresora, Cordillera le dio una vuelta y en su réclame no era la tecnología la que jugaba ese rol, sino que eran esas advertencias que todos escuchamos en casa, cayendo sin compasión sobre quienes estaban obligados a pasarle virutilla al piso de parquet y a aspirar alfombras por el resto de sus días. Hasta que, literalmente, uno de ellos vio la luz y descubrió algo que al fin cambió esa «realidad distópica» del virutillado y aspirado eterno... por algo mucho más amable y realmente moderno.
No sé si esta visión distópica del aseo del hogar sacó muchas ronchas en su tiempo. Pucha, qué digo, tal vez no pasó nada pero, en fin, el réclame de Cordillera lanzado al año siguiente fue bastante más amable...
[vía]
Nunca vimos ni escuchamos más futurismo en la tele sólo para vender una cera. Y además lo presentaron todo como un juego de avanzar casillas, en que se enfrentaban la cera Bravo en cuestión, versus la cera común (que se súperagradece que no hayan cedido al cliché del envase feo con una X). Avanza tres espacios, vuelve al punto de partida… hasta me daban genuinas ganas de agarrar la enceradora y jugar a encerar la casa. Ni de chiste nos permitían eso.
Además de la ambientación fría y media espacial, estaba esa música electrónica que cuando chicos nos sonaba súper rara y que, de seguro, le inspiró miedito a más de alguien. Súmale la pantalla en blanco y negro que muchos todavía veíamos. Yep. Mucho miedito.
El otro día veía a un youtuber explorar un hospital abandonado desde esa época y no supo reconocer el piso plástico. Por alguna razón este tipo de piso, que en los ochentas estuvo en su top y que, pese a todo, por ahí todavía resiste, ya pasó de moda hace rato. Le cedió lugar a los pisos flotantes de hoy en día. La generación actual casi no los conoció.
[vía]
El catador de Clos de Pirque. Y ya sabemos a qué juegan en Clos de Pirque.
Luego de probar un par de esos vinos de cierto nombre y que «se reconocen», nuestro profesional catador se encontró finalmente con un vino que no se mide por esa vara, pero que «se recuerda». Tanto, que se emocionó.
Una década más tarde reciclaron la idea, pero no fue lo mismo.
Lo siento en el alma, Pixar. Antes de Anton Ego comiendo Ratatouille (en otro contexto y guardando muchas proporciones, pero síganme la idea porfa), existió el catador de Clos de Pirque.
[vía]










