Réclame: Loly Choc (y le tuvieron que poner paliiiito...) (1992)
- Por admin
- octubre 01, 2026
«Y le tuvieron que poner paliiiito para que no se maaaaanche....»
Ya que existÃa el Loly de caramelo de toda la vida, cuando en Ambrosoli hicieron una paletita de chocolate, tate, Loly también. Loly Choc. Con un aviso apelando a chicos y grandes, pero con unos doblajes que hasta a los que éramos chicos nos daba un poco de cringe. Y qué te apuesto a que las dos voces las hizo la misma persona.
Toda la paletita te la comÃas en dos segundos. Y ahà venÃa el «no te lo comas tan rápido». Un par de avisos cortitos, pero que duraron demasiado, comparados a lo que tomaba comerte un Loly Choc.
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Nuevamente caemos en el universo de Signal y el Profesor Rossa. Y una afirmación que sonaba terrible: «en Chile, ocho de cada diez niños tienen caries». Como para aventurar una actualización: ¿habrá disminuido o aumentado esa proporción en tres décadas?
Como sea, al menos el Profesor Rossa le hablaba a la tele y la tele le respondÃa. Yo todavÃa no logro que me conteste y estoy pensando seriamente en dejar de intentarlo.
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«El momento más reconfortante».
Una frase que era toda una institución en los cortes comerciales de la tele de mediados de los ochenta, ahora parece más que desplazada. Frase que perteneció a todo el relato de la Malta Morenita, en su época de oro, como una suerte de coronación al final de un sacrificado dÃa de trabajo.
Los años desplazaron ese relato. La segunda mitad de la década lo vio comenzar a esfumarse al aparecer por un corto tiempo la Morenita Especial. Luego, en el cambio de década, se intentó reinventar como un clásico, pero rápidamente derivó a la cerveza que estaba de promo o en oferta. Hasta que un dÃa casi no la vimos más.
Las nuevas generaciones decidieron, sin necesitar ponerse de acuerdo, pasar de ella. Hoy, la Morenita sobrevive enlatada en muy pocos lugares, como un producto sacado de otra época o, dicho de otra forma, un gusto de viejo.
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La incombustible saga de Mademsa, con el técnico-repartidor y sus muchas peripecias yendo a entregar los artefactos. Esta vez, en un gimnasio instalando un cálefon. Uno de 13 litros, que en su tiempo se consideraba grandote. Probablemente era el tope de lÃnea. Pero no contaban con la astucia del técnico y su debilidad por la ducha con agua calentita. Es que no se pudo resistir. Y no se sacaba los lentes ni pa' ducharse.
Me tinca que, para un gimnasio, ése de 13 litros igual se quedaba corto.
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Al fin, segundo Preto en vivo, rompiendo la maldición. Jaja. Mejoró el sonido... pero pasaron otras cosas. Fuimos poquitos, pero me solté más y lo pasé mucho mejor. Igual, tengo una fuerte tincada de que ir más tarde, como a las 10 y no a las 9, podrÃa salir mejor.
Encontré mis tarjetas de celular de prepago. Por una época me sentÃa medio bicho raro por tener prepago Bellsouth. Aunque, por otro lado, en Bellsouth el servicio no estaba tan sobrevendido, además de ser una compañÃa cuyo fuerte siempre fueron los planes. O sea, prepagos Bellsouth habÃa. Pero los vendÃan tÃmidamente, por cumplir, o lanzaban promos por contratar un plan (te llevabas un prepago por poca plata o de repente gratis). También habÃa promos con las tarjetas de prepago: compra dos y llévate la tercera gratis, o bien convertÃan la de 3 lucas en $3.500 pero le ponÃan 4 lucas en saldo.
Cuando vino lo de Movistar y esa fusión a la fuerza de Telefonica Móvil y Bellsouth, se acabó un poco el buen servicio y fue como «ya, valimos...». Y también hay algo de eso aquÃ.
Caso especial el de la campaña de «pégate el 9». Son esos casos en que, a los que tenemos atención al detalle, nos llega a desesperar cada vez que simplifican demasiado. Para aumentar los números disponibles, todos los números ya existentes debÃan anteponer un 9. El problema fue que, cada vez que existe la posibilidad de entender mal algo, siempre hay gente que lo entiende pésimo y le empezaron a anteponer el 9 a TODO, incluso a lo que ya tenÃa el 9. Hubo una época en que recibÃa más llamadas equivocadas que llamadas reales. Era desesperante.
De ahà que tuve que cambiar número. Pero no sé si interesen más detalles.
Sip, los dosmiles fueron una época muy rara en algunas cosas.
¿Hola, Insta-Flu? Chao gripe...
Nuevamente y en nuestra muy muy ocasional sección Laboratorio Maver A.T. (antes del TapsÃn), el Insta-Flu. Otro de ésos del subgénero que tomó por misión fundamental representar el martirio de la gripe invernal en medio minuto y mostrarlo por la tele. Algunos de estos réclames lograron mayor maestrÃa en este «arte». Otros, no tanto. Éste... no sé. Igual, un desbloqueo para patear el invierno hasta el otro año.
Porque esa tetera al final nunca se me olvidó.
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🎵 Nuevo Moncleeeer / es el jabóooon / que dura y dura / da más frescuraaaa... 🎵
El jabón que se atrevió a plantarle cara a todo otro jabón de la competencia, pero fundamentalmente al Le Sancy. ¿Jabones que se deshacen, que no duran nada o que son difÃciles de tomar? ¡Ya no más! Y todo presentado con un tema fuertemente basado en una pieza clásica (no me pregunten cómo se llama, no soy experto en eso) que consiguió dejar bien instalado en la memoria este jabón a la hora de comprar. Aunque en verdad en lo único que Moncler en teorÃa superaba al Le Sancy (que era el que usábamos en casa) era en esa forma «anatómica».
En casa saltamos rápidamente al tren de Moncler, pero sólo para descubrir que esa forma no lo hacÃa tan superior. O sea, de que se resbalaba, se resbalaba igual.
¿Ya comentamos que un réclame trasciende cuando salta a la cultura pop? El de Moncler no fue menos. Los Dinamita Show lo parodiaron en su «Cementerio Pal Pito 3». Y como todavÃa le tengo un cariño al blog y a la gente que llega por aquÃ, va el link.
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¿Con limón? Naaaah, está muy visto.
Cuando los de Quix lanzaron una versión con vinagre (sÃ, alguna vez existió esta cosa), probablemente el mayor temor que tenÃan era que la gente creyera que dejaba la loza oliendo a vinagre. Obvio. Asà que el punto principal fue hacer que quedara claro que el nuevo Quix no dejaba olor. Y eso, aparte de sacar la grasa y dejar los platos chirriando de limpios, con ese sonido que ya era casi lugar común de los lavalozas desde hace rato, pero que de todas formas se esperaba (o sea, no es un réclame de lavalozas si el plato no chirrÃa de limpio).
Muy bueno será el lavalozas, pero el aliento después de comer pescado, y encima con ajo, es cosa aparte.
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🎵 Li-quid-pei-per 🎵 Perdón si no se lo sacan en un mes.
Éste es uno de esos productos clásicos y toda una cápsula del tiempo. En un mundo atosigado de papel, en el colegio y la oficina, Liquid Paper iba al rescate. O cualquier otra marca, total habÃa muchas. Pero ésta estaba en todos lados.
Y salta a la memoria la experiencia que, de golpe y sopetón, tuviéramos que empezar a usarlo al pasar al segundo ciclo de básica. Porque para todos hubo un punto de la escuela básica en que ya no podÃamos usar lápiz grafito y debÃamos usar lápiz de pasta. El tÃpico Bic. Entonces, el corrector lÃquido pasó a ser de uso habitual (y a veces hasta de «abuso» habitual). Las penurias que tenÃamos que pasar en el momento en que se secaba (porque sÃ, no tenÃamos experiencia en usar esta cosa y lo dejábamos destapado) todavÃa duelen. Entonces saltaba la solución casera que era ir a sacarle el frasco de acetona a la mamá para «diluirlo». ¿Resultado? Al aplicarlo sobre el papel, se pasaba entera a acetona la hoja. Un desastre.
¿HabÃa diluyente? Obvio que habÃa y en librerÃas medianas ya se podÃa conseguir, pero era una época en que aplicábamos la solución casera a todo. Incluso a lo que no debÃamos.
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