Una oda a la «gente de trabajo». Un ejecutivo de la Financiera Condell, saliendo de su casa «Tomboleta», de traje y corbata tal como si fuera a su trabajo en una sucursal del centro, va a tomar primero la micro, después el Metro y finalmente un colectivo (porque esa fábrica está tan lejos que no hay de otra) para llegar al trabajo de su cliente.
Al final, la tarjeta llega a la puerta de la casa. El primer giro en el cajero automático termina siendo un acontecimiento familiar. Nadie piensa en los intereses o si a ese operario le va a alcanzar la plata para pagar su cuota a fin de mes. Él sólo piensa en renovar la tele, comprar los regalos de «Pascua» o en empezar por fin esa ampliación en su casa. En la tentación que representa esa tarjeta, nadie piensa.
Todo ello, con la Francesca Ancarola cantando de fondo que le da una emotividad como pocas.
Hay una versión «rural» y con una ejecutiva mujer que se recuerda mucho más. Esta versión «santiaguina» se recuerda poco. Y viene a funcionar como una cápsula del tiempo: las micros amarillas estaban a medio implementar, estaba licitado sólo el centro y esos letreros amarillos de la Línea 2 del Metro ocupaban su lugar en una ciudad que ya es pasado.
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El último intento por instalar el TuGurt.
Ha vuelto un viejo conocido de este boliche y que ya podría formar parte de nuestra Galería de Fracasos™. De ésos que le echaron ganas, le «pusieron voluntad», pero no les resultó. Ya revisamos lo que pasó con el TuGurt: un saborizante que no se quiso quedar en ser un saborizante del montón e intentó recrear el «sabor a yogurt». El problema fue que muchos entendimos «yogurt». Y lo único que conseguimos muchos fue... leche con sémola. Como la leche de la escuela básica, pero peor.
Al año siguiente de lanzado, pusieron este réclame. Enfatizando lo que nadie tuvo la paciencia de hacer el tiempo suficiente: revolverla. Si con esto no resulta, chao. Cómo no va a ser mejor y más divertido algo que lo haces tú mismo. Pero no. A nadie que intentó hacer TuGurt en casa le resultó como se veía en la tele.
Así que fue un chaíto no más.
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Prende la Tele: TV Condoro y el perro que «limpoa» pisos (2000)
- Por admin
- mayo 13, 2026
En el TV Condoro, la mala calidad de los videos era un tema. Y las reiteradas disteclias de la secretaria del canal (la «Glorita» o también llamada «Carmencita») al tipear las tarjetas aumentaban ese tema tanto o más. A tal punto que una noche nos presentaron al «famoso» perro que «limpoa» pisos. Porque «limpoa» piso.
La hilarante forma de poner paños fríos del Pato Strahovsky para explicar el guatazo del perro que «limpoa» pisos (y suplicar empatía del respetable) quedó inmortalizada para la posteridad.
El último vuelito alternativo de CHV fue el momento y lugar en donde TV Condoro logró lo suyo, a su manera.
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Me acabo de desbloquear esta vaquita. Yep. El Petit Fort de Soprole de siempre (¿Petit Punch? Nah, eso nunca pasó...) al tiempo lanzó una promo con estas vaquitas de peluche con sonido, que te las ganabas raspando un autoadhesivo.
Y eran autoadhesivos que brillaban en la oscuridad. Chispita, aún te pienso...
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Réclame: Pluma viene, Pluma va... ¡filo con los demás! (con Miguelo) (1987)
- Por admin
- mayo 08, 2026
De la saga ochentosa de los zapatos Pluma luchando contra todas sus imitaciones, el réclame con Miguelo. Porque, si bien es cierto, hubo otros réclames de Pluma en que participaron cantantes jóvenes de la época, aquí Miguelo llegaba como la figura principal. Fuera de bromas, le puso su sello al ya conocido jingle «Pluma viene, Pluma va», incluso rematando con un «Filo con...» que era como su firma. Y usó, antes que otro, la idea del «Entre un [cosa] y un [cosa] hay un [inserte marca aquí] de diferencia».
Porque «entre un remolque y un remolque...» vino bastante después.
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El Estado agarrando pa' la palanca a los choferes de micro... Es que...
Cuando el «Banco del Estado de Chile» al fin se quiso sacar la imagen de banco anticuado, se dio a la tarea de modernizar su imagen. Y lanzó toda una campaña para mostrar el cambio por la tele, con una serie de réclames, de los cuales éste probablemente sea el menos olvidado. Todo esto, antes del pato.
Aún sigo pensando que lo único simpático que conserva el BancoEstado es su pato. Y tuvo toda una historia en este siglo. Pero ésa ya se la saben.
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Réclame: Hucke 100: ¿Qué hace una chica como tú en un lugar como éste? (1991)
- Por admin
- mayo 03, 2026
«¿Qué hace una chica como tú en un lugar como éste?» Cabro chico agrandao nomás.
Haciendo uso de un cliché cinematográfico originado en la década del '60, la aún Hucke, pero ya de Nestlé, rompió el acuerdo «Ya, McKay, tú a las galletas y yo a los chocolates» para poner en el carrito o el almacén de la esquina esto. Las Hucke 100. Pero pocos se acuerdan de la marca. Quedó mucho más para el recuerdo la pregunta entradora del cabro chico y su respuesta.
Pero gran participación de Sandro Larenas, el Tío Garfield, como el locutor y, además, la voz del cabro chico (?). De la voz de ella, ni idea. A ver si alguien sabe ese dato.
Suerte para la próxima, mini guerrero del amor. Desde aquí te mandamos un container de Hucke 100 vencidas para que intentes y sigas intentando. Pero trata de ir cambiando esa frase...
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«🎵 Dip-darap, dip-dip-darap... 🎵 ¿Cuál Vim, papá?» Nuevamente, un not-desbloqueo.
Es que en los ochentas el Vim evolucionó. Descontinuaron el Vim que existía, crearon dos nuevos Vim y a la gente le tenía que quedar claro cuál era cuál. Dos Vim, cada uno con distinto uso. Uno para el baño y el otro para la cocina. Y para eso, pusieron a un cabro chico en su pieza escuchando música, pero que tenía que colaborar en el aseo de la casa de alguna forma... aunque sea yendo a buscar el Vim.
Un cabro chico que, reconozcámoslo porfa, cuando nosotros éramos chicos y lo veíamos por la tele, nos caía súper mal. Pero que dejó esta joya que aún se recuerda, al menos, por nuestra generación. Porque, honestamente, dudo que los más jóvenes lo tengan en su memoria.
Un réclame ochentoso que supo ser genial... a su manera.
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El Digital Diary. Agenda con alarma, memoria para 3.000 (!) números de teléfono y encima se conectaba al computador. En 1989. Una locura con la que varios soñábamos. Antes de la Palm... y mucho antes del smartphone. Ningún ser humano con una vida normal necesitó llevar consigo tres mil números de teléfono. Jamás.
Ésa era la súper ñoña Casio ochentera. La de los relojes calculadora, de los relojes con juego y hasta de una «guitarra digital». ¿No le cerrará a alguien la posible idea de que Casio, durante los ochentas, a las finales fuese un experimento en el que las cosas se hacían no porque alguien las pidiera, sino porque «se podía»?
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